chichoLos perros, al igual que otros animales, como los gatos o los caballos, son fieles y nobles con sus dueños. Por ello, es comprensible que el trato diario con ellos nos lleve a situaciones que nos hagan confundir sus emociones con sentimientos, llevándonos a la humanización. ¿Cuántas veces habéis escuchado las expresiones?… a mi perro le falta hablar, mira como me mira…se siente culpable de lo que ha hecho, o no se acerca porque se siente avergonzado por su comportamiento.

En artículos anteriores ya hablamos del antropomorfismo o humanización del perro, pero hoy quiero profundizar más aclarando ciertos aspectos sobre la capacidad emocional del perro para que podáis comprenderlos mejor.

Aunque a todos nos gustaría que nuestro perro tuviera los mismos sentimientos que nosotros, ésto no es posible ya que nuestro cerebro es infinitamente más complejo que el de ellos. El coeficiente intelectual de un humano es de 7 mientras, que el del perro es 1.

Ambos, como mamíferos que somos, tenemos diversidad de emociones como una reacción ante un estímulo ya sea positivo o negativo. Pero, ¿Cuál es la diferencia entre ambos? La consciencia. Ésta, es la que provoca que una emoción se convierta en un sentimiento.

Como el tema en cuestión es un poco complejo, os pondré un ejemplo claro para que lo entendáis: Si yo me peleo con un amigo, tengo la capacidad de recapacitar sobre la situación, entender si me he equivocado o no, pedir perdón si comprendo que la culpa ha sido mía. Sin embargo, el perro vive el momento. Si ha tenido una disputa con otro perro, podrá sentir miedo, inseguridad, estrés…pero jamás tendrá sentimiento de culpabilidad, no se sentirá avergonzado por la situación que ha creado ni pedirá disculpas puesto que no puede recapacitar. Si dentro de un rato le interesa volver a jugar con él, lo hará y si sus instintos le llevan a pelearse de nuevo, no dudará en hacerlo.

En definitiva, los perros pueden sentir miedo, tristeza, rabia, felicidad, deseo, añoranza, etc como emociones, pero no tienen sentimientos puesto que no tienen consciencia. La neurociencia evolutiva y comparativa demuestra claramente que el cerebro del perro no posee las áreas de asociación de la corteza cerebral, y las complejas redes neuronales necesarias para la elaboración de la conciencia.

Lo más parecido a la conciencia en un perro, es en mi opinión, el recuerdo de una experiencia pasada. Pueden recordar qué emociones le causó una determinada situación para evitarla o repetirla, pero siempre guiada por sus instintos.

Espero haber aclarado vuestras dudas respecto a este tema. Si no es así, desde aquí os invito a preguntar todas las dudas que tengáis al respecto a través del apartado de contacto o simplemente dejando un comentario en el blog. Y si este artículo os ha resultado útil, os animo a que os suscribáis y no os perdáis ninguna actualización del blog.

Feliz miércoles perrer@s!

María Morales Martínez

Educadora y terapeuta canina.

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